
Tununa Mercado es una escritora cordobesa que desde muy niña estuvo en contacto con las letras, sea porque su padre le inculcó el amor a la lectura, sea porque más tarde estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Córdoba donde conoció a su marido Joe Nitrik, escritor y profesor, el mundo de la palabra estuvo siempre cerca. Sin embargo ella nunca concluyó sus estudios ya que los distintos golpes militares le vedaron la posibilidad de hacerlo. Ella dirá que “era un momento de lucha política muy fuerte, era una época de huelgas, de sindicatos, de vida gremial, y yo formaba parte de eso” por lo que nuevamente debieron trasladarse con toda su familia a México de donde retorna cuando en 1983 se recupera la democracia en el país.
Si bien tiene una gran producción literaria me llamó particularmente la atención este cuento “Amor delirante” por el adjetivo unido al sustantivo. Cuando leí el título pensé inmediatamente que delirante rompía el concepto del sustantivo amor y con esa inquietud me interné en ese mundo de palabras, historia y sentimientos.
Recurrí al diccionario para comprobar que el significado de la palabra delirante correspondía al que yo tenía y me devolvió esta definición: persona apasionada, enardecida, e está perturbada por una enfermedad o por una fuerte pasión. Y considero que es el adjetivo que corresponde a la actitud que toma esta mujer ante los sentimientos que le despierta el hombre con quien comparte momentos de su vida. Tan delirante es, que termina prisionera de un sentimiento que ella considera amor. “…Temblor perpetuo, anorexia, pánicos nocturnos, vértigos diurnos, escucha de voces en el vacío del tiempo, señales de presencias que no estaban realmente, señuelos que conducían al amor pero que sólo acababan en la ausencia, ensoñación hasta el desvarío, todo se conjugaba en la espera, dejándole, intersticialmente, la posibilidad de anhelar un eco en él de lo que a ella la hacía delirar, una refracción del lamento agonizante en que se había convertido su amor por él…”
El texto responde a una colección de cuentos que están agrupados bajo el nombre de Cánon de alcoba donde cada una de las historias que narra la escritora muestra diferentes formas en las que el poder puede manifestarse en las relaciones amorosas. En este caso particular el sentimiento al que el personaje femenino llama amor es tan loco que se convierte en una especie de prisión que la esclaviza, es una especie de fuerza poderosa que invade todos sus espacios, los físicos y los psicológicos ”… Su vida poco a poco se convirtió en un insomnio.
Apresada y maniatada por las ligaduras de su amor, caminaba de cuarto en cuarto, iba y venía de la cocina a la sala, con una respiración agitada, temblores, escalofríos en el cuerpo y el alma. Buscaba en los libros las trazas de su mal, lloraba con cada verso de amor, el sufrimiento amoroso de la ficción le mostraba el suyo propio, los puñales que otros se habían clavado en el corazón por amor a lo largo de la historia a ella le abrían heridas nuevas y ahondaban las que ya la habían marcado. Pálida, catatónica, se ponía horizontal en su cama y se quedaba horas contemplando su propio deseo, pero sin hacer ningún movimiento y como si buscara en la evocación pura las delicias del cuerpo que no estaba.
Ante esta historia y los sentimientos que el hombre genera en ella y entendiendo que hay una manifestación del poder de lo masculino por encima del femenino surgen algunos interrogantes con respecto a las relaciones amorosas, ¿siempre hay una lucha de poder en ellas? ¿Cuál es la concepción de amor que esta mujer sostiene para referirse a su situación llamando a ese sentimiento amor? ¿Es posible que el poder se revierta y convierta la relación en algo a lo que pueda pensarse como igualdad en una relación de a dos? ¿El amor es pasión, atracción, dependencia, deseo hasta tal punto que el otro pierda la conciencia de sí para que su vida se transforme en una cárcel de muerte? En el caso de la protagonista de esta historia es posible afirmar que sí, si tenemos en cuenta el párrafo final “…Semanas y meses ella convirtió la cárcel del amor en la que había estado detenida en una cárcel de muerte, cuya principal penuria era la progresiva carencia de imágenes. Todo lo almacenado se fue gastando, diluido en el dolor; lo que lograba recuperar se perdía irremisiblemente; el recuerdo no lograba sostener las sutiles redes en las que había depositado su deseo;…”
Sin embargo, personalmente, me inclino a sostener que ese sentimiento que la ataba a ese hombre no era amor entendiendo que el amor según el concepto de la psicoterapeuta Clara Coria debería ser un acto de libertad, cuya duración esté en manos del mutuo apoyo y respeto por lo que cada uno es. En la vida humana no existen las garantías, pero sí los deseos de que aquello que nos hace feliz sea duradero.
El vínculo que genera el amor implica un tipo de relación donde seguramente aparecen las crisis, los acercamientos, los alejamientos pero a pesar de todo os protagonistas vuelven a elegirse. En estos tiempos líquidos como lo describe el sociólogo Zigmund Bauman pareciera ser que la inestabilidad de lazos está a la orden del día a tal punto que ante la mínima molestia se termina la relación.Muchas veces se escucha decir que se quiere estar con el otro pero que le molesta esto o lo otro, entonces una piensa que es solamente estar, en lugar de esperar hasta sentir, y entonces elegir y apostar cada día a la pareja. En la mujer del cuento, evidentemente lo que había era una atracción física infrenable, una anulación de ella como persona, una dependencia creciente hacia ese ser que despertaba todos los sentimientos dañando su autoestima pero no había construcción de pareja.
Por otra parte, me generan algunas preguntas la actitud del hombre; ¿puede una persona desaparecer, no desear más el contacto con otra, sin dar explicación alguna y dejando una serie de interrogantes para el otro? ¿Es factible una relación con alguien que de repente se aleja, sin dar razones? ¿Cómo tener pautas para no relacionarse con quienes con su indiferencia pueden causar mucho daño? Evidentemente en la historia que magistralmente nos entrega Tununa Mercado es posible “…era tan intenso el enlace que ninguno parecía haber pensado en averiguar sobre el otro y convertir el incendio que los envolvía en una “relación” que, al cabo de los años, pudiera dar cuenta de datos, certezas, convencimientos de uno sobre el otro. En ese estado ígneo, ella conservaba el fuego en un altar, cotidianamente, minuto a minuto, con vocación y sacerdocio. Después, él desapareció. No vino a la cita. Dejó de venir a todas las citas. Ella repitió todos los gestos de la adoración, el desvelo, la espera, el encuentro, se tendió de nuevo catatónica sobre la cama, dispuesta a morir en la búsqueda de su imagen…”. Si el amor es el acto libre de decidir construir la pareja todos los días, si es el acto libre de seguir eligiendo a la persona y pelear por superar momentos difíciles ciertamente no es lo que los personajes de esta historia han hecho, dos son los que deben alimentar día a día la relación, acá considero que ninguno alimentó el vínculo, solamente satisfacían sus deseos momentáneos.
Pueden existir explicaciones psicológicas, neurofisiológicas, químicas del sentimiento, pero quien está en ese estado, es sabido, experimenta lo intenso, lo inexpresable, y el deseo de seguir juntos y saber que nada hay que lo haga sentir feliz mejor que esa relación y como dice el licenciado Gabriel Rolón Amar implica siempre conocer al otro, desilusionarse y ser feliz a pesar de todo. Y elegir un amor sano, un amor que nos haga crecer.

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