
Bajo la vasta y aparentemente monótona llanura chaco-formoseña se esconde una de las estructuras geológicas más fascinantes de nuestra región.
Mientras la superficie nos regala un horizonte plano y sereno, el subsuelo revela una arquitectura accidentada, profunda, que narra una historia de millones de años. Ese gigante dormido se llama Fosa de Las Breñas, y para entenderlo hay que desarrollar una visión de rayos X y perforar la piel de la tierra. Porque, aunque no la veamos, esta fosa es un archivo del pasado planetario y determina la estabilidad, la presión e incluso la actividad sísmica de una región que muchos creen inmóvil.
Como una tableta de chocolate
¿Qué es un hemigraben? Para entender esta estructura, imaginemos que la corteza es una tableta de chocolate. Si intentamos estirarla, no se deforma como un chicle, se quiebra en bloques. Cuando esos bloques se rompen y se deslizan, crean espacios profundos. Geológicamente, a esa ruptura se la llama falla normal, y al bloque que se hunde entre dos fallas paralelas se lo conoce como graben o fosa simétrica. Pero la Fosa de Las Breñas es un hemigraben asimétrico, una depresión inclinada donde solo uno de sus lados se hunde profundamente, generando una forma de cuña o rampa. Es como si un escalón hubiera bajado mucho más que el otro, dejando un hueco en forma de triángulo alargado. Esta estructura, de orientación noreste-sudoeste, se encuentra dentro de la Cuenca Chaco-Paranaense y acumuló miles de metros de sedimentos sobre un basamento muy antiguo y extremadamente rígido.
El cimiento ancestral
Ese basamento no es cualquier cosa. La Fosa de Las Breñas es lo que los geólogos llaman una cuenca intracratónica: una herida abierta dentro de un bloque de corteza continental antiquísimo y estable. Ese bloque es el Cratón del Río de la Plata, el cimiento cristalino que sostiene todo el peso del noreste argentino. Sus características principales son una estabilidad milenaria (es una masa de roca ígnea y metamórfica que ha resistido los grandes cambios geológicos del planeta), una respuesta a la tensión muy particular (al ser tan rígido, cuando la Tierra intentó estirarse, el cratón no se dobló, sino que se fracturó internamente, dando origen a la fosa) y un límite geotectónico marcado por el Lineamiento Transbrasiliano (LTB), costura planetaria que define cómo se distribuyen las fuerzas tectónicas en la actualidad. Dicho de otro la fosa no flota en el vacío; se apoya sobre un cimiento ancestral de una solidez asombrosa.
5.000 metros de historia
La historia de la fosa es una crónica de llenado que comenzó en el Paleozoico inferior, hace entre 420 y 540 millones de años. Pero no fue un proceso tuvo giros inesperados. Todo arrancó con un evento fuerzas de tracción rompieron el basamento a través de la Falla Las Breñas, también conocida como Dorsal Charata o Alto Pampeano-Chaqueño. El bloque se hundió hasta crear un vacío de nada menos que cinco mil metros de profundidad. Ese espacio fue ocupado rápidamente por sedimentos, dando origen a la Formación Las Breñas, compuesta por limos endurecidos y cuarcitas, donde se hallaron rastros de rocas fuente bituminosas, es decir, ricas en materia orgánica aceitosa.
Un giro inesperado
En el Paleozoico superior, hace entre 250 y 420 millones de años, la fosa sufrió una inversión tectónica: las fuerzas cambiaron de signo y parte del bloque que se había hundido fue empujado hacia arriba nuevamente, como si la naturaleza se hubiera arrepentido. Finalmente, capas más jóvenes del Mesozoico y del Cenozoico cubrieron todo el sistema, ocultando la falla bajo la llanura actual. Así que hoy caminamos sobre un gigante que primero se abrió, luego se llenó, después se levantó y al final quedó sepultado. Toda una lección de humildad geológica.
El laboratorio profundo
Cinco mil metros de sedimentos no pesan poco. A medida que descendemos, la presión y la temperatura aumentan de forma previsible pero implacable. En esta región, el gradiente geotérmico oscila entre los veinticinco y los treinta grados centígrados por cada kilómetro de profundidad. El peso de cinco kilómetros de roca genera una presión litostática inmensa que comprime los poros de las piedras. Imaginemos una esponja llena de agua enterrada bajo toneladas de los limos y arcillas antiguos son comprimidos con tanta fuerza que los fluidos atrapados no pueden escapar, generando una sobrepresión.
Esos fluidos empujan hacia afuera como si estuvieran hartos. Y las fallas, por su parte, actúan como válvulas: cuando se mueven, pueden liberar o atrapar estos fluidos bituminosos y aguas profundas. Este laboratorio de física extrema no es solo una curiosidad académica: entender esas presiones puede indicar dónde se esconden recursos energéticos o, simplemente, cómo prevenir riesgos durante perforaciones profundas.
Sismos en el basamento despierto
Aunque el Chaco parece inmóvil, es escenario de una sismicidad inter placa. Esto ocurre cuando antiguas fallas heredadas en el basamento se reactivan debido a las presiones que viajan desde la Cordillera de los Andes. Y no es teoría: hay fechas y temblores que lo demuestran.
En 1968, un terremoto de magnitud cercana a 5,5 sacudió Campo Largo y Corzuela. Dejó grietas en las paredes y caída de revoques, pero sobre todo confirmó que el levantamiento del bloque de la fosa sigue activo hoy.
Más recientemente, en mayo de 2022, la tierra volvió a moverse. Fue un sismo de magnitud 3,5, hipocentro somero a solo diez kilómetros de profundidad. Su mecánica fue de reactivación por transpresión: las rocas se empujan lateralmente mientras se comprimen. Lo curioso es que, pese a su magnitud modesta, se sintió con gran claridad. ¿La razón? Los sedimentos blandos de la llanura actúan como una amplifican las ondas sísmicas. El Chaco, en ese sentido, es un involuntario altavoz geológico.
La gran costura
La Fosa de Las Breñas no está aislada. Está conectada a la cicatriz geológica más importante del el Lineamiento Transbrasiliano. Se trata de una sutura orogénica profunda, el lugar donde hace seiscientos millones de años chocaron los cratones del Río de la Plata y Amazonas-Apa para unir Sudamérica. Esa colisión ancestral dejó una zona de debilidad estructural que la Tierra aprovecha para liberar energía. Por eso, los sismos que hoy sentimos en el Chaco son, en realidad, el eco de una costura de seiscientos millones de años. No son temblores nuevos, sino la reactivación de una herida antigua que sigue latiendo bajo la cobertura sedimentaria. El paisaje, una vez más, nos engaña: lo que parece plano y tranquilo por fuera es, por dentro, un puzzle de fallas que recuerdan su violento origen.
Cuestión de tres lecciones esenciales
Explorar la Fosa de Las Breñas nos enseña que el paisaje es solo la piel de un organismo mucho más complejo. De este viaje al subsuelo nos llevamos tres lecciones esenciales. las fallas normales y la inversión tectónica son los procesos que esculpen la arquitectura donde se alojan los recursos y fluidos. Sin ellos, no habría cuencas, ni sedimentos, ni historia.
La fosa es un archivo de cinco mil metros que preserva rocas bituminosas y sedimentos que cuentan la historia de la Tierra. Cada capa es una página.
los sismos chaqueños tienen una raíz lógica, no son caprichos del destino. Son la reactivación transpresiva de cicatrices milenarias bajo nuestros pies.
La geología es la ciencia que ve lo invisible. Al conocer la Fosa de Las Breñas, la llanura chaqueña deja de ser un espacio monótono para convertirse en un sistema vibrante de fallas, presiones y suturas ancestrales. Es un recordatorio constante de que, bajo el suelo que pisamos, un gigante oculto sigue respirando. Y de vez en cuando, con un leve temblor, nos recuerda que está ahí.
Fuente: diarionorte.com
Volver arriba

| Mercado | Actual | Anterior | Var% |
| Rosario |
| Mercado | Actual | Anterior | Var% |
| Rosario | 2655 |
| Mercado | Actual | Anterior | Var% |
| Rosario | 1725 |
| Mercado | Actual | Anterior | Var% |
| Rosario |


Sorteo del dia: 21/05/2026

